Los elefantes son cosa seria. Su tamaño, su mirada, su edad. Con ellos, como con tantos otros seres distintos a nosotros, se puede decir, que tampoco aprendimos a llevárnosla bien.
Muchos los conocimos gracias (o des-gracias) al Circo, donde parecía todo bien pero la verdad era que ahí su belleza, impotencia y tremenda gracia lenta, bajo las leyes de mercado, se conviertan en una rutina de trabajo esclavo.
Recién pasado el tiempo parece que ahora todos lo saben. Y gracias al cielo, y a los activistas, los circos con animales: ¡kaput!
El asunto ahora es: ¿Qué hacer con semejantes amigotes? Allí no más en el Brasil, justo hay un santuario. Sí, un santuario para elefantes. Les dejamos el vínculo por acá:
Santuario de elefantes en Brasil.
La Revolución de la Cuchara Vegetarianismo, ecología y activismo